Relatos

MAMÁ VAMPIRA, de Marina Gómez

Marina Gómez vuelve a regalarnos otro de sus estupendos relatos, MAMÁ VAMPIRA, finalista en el FANTER FILM FESTIVAL 2012 y que pronto verá su adaptación a corto de la mano del gran Luis Mieses Crespo. ¡Esperamos que lo disfrutéis tanto como lo hemos hecho nosotros!


MAMÁ VAMPIRA

Lisbeth está sentada en una silla vieja junto a un lecho polvoriento, donde reposa una niña asustada de tez amarillenta, ojos ojerosos y labios sin color. La niña está despierta y se acurruca intranquila entre las sábanas, tapándose hasta la nariz. Lisbeth, que advierte el miedo de la pequeña, se incorpora de la silla y se coloca muy cerca de la niña, tanto, que la oye respirar.

– No tengas miedo – le dice, acariciándole el cabello – La vida a veces no es fácil para algunos. No te atormentes.

La niña se estremece dentro de las sábanas y castañea los dientes. Sus grandes ojos azules brillan como luceros en la lobreguez de la habitación, pues tan sólo la luz de una vela alumbra el lugar.

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Relato: EL SUEÑO DEL CORCEL, de Marina Gómez

Marina Gómez (Barcelona, 1973) nos trae un nuevo relato, EL SUEÑO DEL CORCEL, que acompañamos con una ilustración de Medusa the Dollmaker, autora valenciana que este 2012 publicará el libro de ilustraciones MIRACLE. Esperamos que el relato os guste tanto como a nosotros. ¡Gracias, Marina!

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El sueño del corcel

Cuando el mundo no era más que trozos de islas rodeados de agua y sobre sus tierras habitaban seres puros e inmortales, la vida era perfecta, mucho más de lo que lo es ahora. Aquellas criaturas que vivían en la más hermosa armonía gozaban de una total libertad, mezclándose las diferentes razas con amor y fraternidad. Habitaban por todos los rincones dela Tierray se proclamaron Reyes dela Naturaleza, pues eran hermosos y únicos pobladores, y cada cual era dueño y señor de un mundo joven que empezaba a transformarse con el paso de los tiempos. Pero algunas de aquellas antiguas beldades se volvieron rebeldes ante tanta paz, aburriéndose hasta manifestar sus diferencias a los que seguían siendo felices en aquel paraíso. Nadie hasta aquel momento supo de quejas o de destierro, y quizás por eso los puros de espíritu se sumieron en un sentimiento hasta ahora inexistente: la tristeza. Eso lo dicen nuestras antiquísimas Escrituras, y también nos cuentan lo que de sobras sabéis.

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